Para presevar historia fílmica: FilminLatino

 

Cuando vemos en una película, un close up directo al rostro de un actor, tenemos la sensación de que esa imagen ha quedado inmortalizada; quedará para la posteridad como un testigo perenne del proceso creativo de un director, de un cinefotógrafo y de todos los que integran un proyecto fílmico. Sin embargo, el tiempo no es el mejor aliado para cumplir esta premisa. Las condiciones de humedad, temperatura y el transcurso de los años, vulneran el estado de una cinta -sobre todo las existentes en formatos analógicos- lo que pone en riesgo su existencia.

Las películas, son documentos visuales que nos permiten asomarnos a otras sociedades y en el caso concreto de los filmes clásicos de décadas pasadas, nos dejan “espiar” en el pasado y descubrir referentes artísticos, ideológicos, emocionales e incluso morales. Descubrimos en ellas una personalidad que va desde nuestra construcción individual hasta la identidad de un pueblo.

El trabajo de los realizadores, se inserta en nuestra cultura, lo que construye una memoria fílmica y un patrimonio audiovisual: son imágenes de gran valor artístico, estético e histórico que bien vale la pena proteger, restaurar y compartir con las nuevas generaciones de espectadores.

En ese sentido, el trabajo que realizan instituciones como el Instituto Mexicano de Cinematografía, la Cineteca Nacional y la Filmoteca de la UNAM es de vital importancia para la conservación y preservación del patrimonio fílmico de nuestro país y que hoy está al alcance de un clic en la plataforma digital FilminLatino. Ejemplo de ello son los siguientes títulos:

1933 El prisionero 13

Cinta perteneciente a la trilogía de la revolución, concebida por el director Fernando de Fuentes, una tragedia griega con el levantamiento armado de 1910 como escenario donde Marta, cansada de los malos tratos que le daba su marido, un arbitrario coronel alcohólico, lo abandona y se lleva a su niño. Años después, por azares del destino, el militar está a punto de fusilar a su propio hijo, al que no conoce.

1936 Redes

Silvestre Revueltas, musicaliza esta docu-ficción filmada en Veracruz donde se retrata con maestría y vanguardia para la época, la lucha de los pescadores quienes trabajan diez horas diarias, bajo las órdenes de Anselmo. El rico comerciante de la región les paga muy poco y no les alcanza ni siquiera para cubrir sus necesidades diarias y entonces deciden reclamar un mejor pago por su pescado, pero ante la negativa del acaparador comerciante Miro, un joven pescador se propone unirlos para oponerse a la explotación, pero don Anselmo está dispuesto a aplicar su lema: “Divide y reinarás”.

1972 El rincón de las vírgenes

Inspirada en el cuento Anacleto Morones del gran narrador mexicano Juan Rulfo, el director Alberto Isaac ofrece su visión de la historia de un grupo de mujeres habitantes de Comala quienes pretende convencer a Lucas Lucatero -un vendedor de baratijas-, de que las acompañe a pedir la canonización de Anacleto Morones; pero, el vendedor les cuenta la verdadera historia del candidato a Santo: lo conoció cuando “platicaba” las películas durante las proyecciones junto con Leona, una cantante de corridos. Ambos aprovechaban su facilidad de palabra para engañar a la gente y hacerla creer en milagros, por lo que Anacleto se convirtió en el Santo Niño Anacleto.

1975 Los murmullos

El relato de la cotidianeidad de un pueblo en el Estado de México, Juchitepec para ser exactos, a través de un ritmo que bien combina con las vidas de los habitantes, un tanto ficciones y otro más hechos reales. Estamos frente a una serie de planos de detalle que bien podrían hablar por sí mismos, pero la fuerza se comparte con la propia voz de los pobladores quienes ofrecen historias que se van entrelazando para mostrar una realidad compartida.

1977 Los indolentes

Un guión tripartita, firmado por Rubén Torres, Hugo Argüelles y el propio director José Estrada, narra la amarga vida de una familia que lo ha perdido todo y que atesora la nostalgia de su posición privilegia durante el porfiriato. El cardenismo, no sólo les arrebató su hacienda “La esperanza”, también las ganas de prosperar y recuperar por su cuenta su tan anhelada prosperidad. Esta cinta ganó en 1979 el premio Ariel al mejor guión.

1985 El imperio de la fortuna

Estamos ante el inicio de una de las relaciones guionista-director más interesantes de la cinematografía mexicana, donde el cuento (¿o novela?) de Juan Rulfo El Gallo de Oro -escrito entre 1956, 1958 y publicado en 1980- es el punto de partida. La escritora Paz Alicia Garciadiego trabajó en el argumento original de Rulfo para entregar al espectador su visión respecto a la historia de Dionisio y La Caponera, para que Ripstein le diera forma a través del lenguaje cinematográfico.