Con la muerte de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ocurrida la noche del miércoles en la Ciudad de México a los 92 años, se va uno de los personajes que más contribuyeron a que el país dejara atrás el sistema de partido hegemónico, un ingeniero civil que, siendo hijo del presidente que expropió el petróleo, decidió romper con el partido en el que militó durante 25 años para pelear por elecciones limpias.
Nacido en la capital del país el 1 de mayo de 1934, hijo del general Lázaro Cárdenas del Río y de Amalia Solórzano, estudió ingeniería civil en la UNAM y dentro del PRI fue senador por Michoacán y gobernador de ese estado de 1980 a 1986, antes de encabezar en 1987, junto con Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, la Corriente Democrática que exigía abrir la vida interna del partido.
Esa ruptura lo llevó a la elección presidencial de 1988 como candidato del Frente Democrático Nacional, una contienda marcada por la llamada “caída del sistema” que todavía hoy se recuerda como uno de los episodios más cuestionados de la historia electoral del país, y que lo convirtió en el símbolo de una oposición que salió a las calles, al grado de marchar junto con el panista Manuel Clouthier contra el fraude.
Un año después, el 5 de mayo de 1989, fundó el Partido de la Revolución Democrática, con el que volvió a buscar la presidencia en 1994 y en 2000, y en 1997 ganó la primera elección directa para jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal con el 48.09 por ciento de los votos, lo que lo convirtió en el primer gobernante electo de la capital.
Con los años se alejó del partido que fundó, del que renunció en noviembre de 2014 para declararse independiente, aunque nunca dejó la vida pública, y apenas este año recibió un doctorado honoris causa del IPN, presentó un libro en la Feria Internacional del Libro y fue nombrado al frente de la Comisión Consultiva del Petróleo de Pemex.
Su última aparición presencial documentada fue en julio, en el Congreso de Michoacán, y la noticia de su fallecimiento llegó apenas nueve días después del aniversario luctuoso de su padre, a cuyos actos ya no pudo asistir por motivos de salud, mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum lo despidió con una frase que resume su lugar en la memoria del país: “Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano vive por siempre en la historia de México”.
