Francia atraviesa días de alta tensión social luego de que cientos de miles de personas salieran a las calles el sábado 17 de octubre para protestar contra el encarecimiento de la vida, en una jornada que derivó en incendios, saqueos y ataques contra edificios emblemáticos en ciudades como Limoges, París y Marsella, con un saldo de casi 2,400 personas detenidas y alrededor de 1,000 elementos de seguridad heridos, de acuerdo con el Ministerio del Interior.
Lo que comenzó a finales de septiembre como un movimiento de estudiantes de preparatoria que exigían más maestros, grupos menos saturados y escuelas en mejores condiciones, creció hasta convertirse en un reclamo nacional al que se unieron sindicatos y simpatizantes de los chalecos amarillos, molestos porque los precios de los alimentos y los combustibles siguen subiendo mientras los salarios no alcanzan, además del rechazo a un presupuesto 2027 que prevé recortes e impuestos por 54 mil millones de euros y un nuevo congelamiento salarial para los trabajadores del Estado.
La imagen más dolorosa de la jornada quedó en Limoges, donde el fuego consumió buena parte del ayuntamiento, un inmueble del siglo XIX catalogado como monumento histórico y que en la Segunda Guerra Mundial sirvió de refugio a legisladores belgas exiliados, cuyo techo se derrumbó tras un incendio provocado, por lo que el prefecto de Haute-Vienne reconoció que el edificio “está en gran parte perdido”, en un siniestro que autoridades locales llegaron a comparar con el de Notre-Dame en 2019.
En la capital francesa, el alcalde Emmanuel Grégoire lamentó que hubiera “calles enteras metódicamente arrasadas”, además de daños en el espacio público y monumentos deteriorados, entre ellos la base del Monumento a la República, que de acuerdo con videos difundidos en redes sociales fue destrozada para obtener piedras, mientras que en Marsella un grupo de manifestantes irrumpió en el vestíbulo del ayuntamiento, edificio que alberga al gobierno de la ciudad desde el siglo XVII, y encapuchados atacaron una comisaría, con 107 policías lesionados.
El presidente Emmanuel Macron condenó los hechos en un mensaje a la nación en el que sostuvo que “nada lo explica, nada lo justifica”, advirtió que quienes saquearon y atacaron edificios públicos tendrán que responder ante la justicia, y este lunes admitió fallas en la previsión y la inteligencia policial, aunque rechazó la renuncia que le presentó el ministro del Interior, Laurent Nuñez.
Como parte de la respuesta, el primer ministro Sébastien Lecornu ordenó a los prefectos aplicar toques de queda nocturnos parciales en algunas ciudades, mientras los alcaldes de París, Marsella y Lyon solicitaron reunirse con él para atender los daños, en tanto que sindicatos y chalecos amarillos ya anunciaron una nueva jornada de movilización para el 5 de noviembre, a seis meses de la elección presidencial.
